Saltar al contenido

La trascendencia del ajuste de dificultad

Hasta 2009, lo único perfectamente escaso era el tiempo. El éxito en el lanzamiento de Bitcoin nos ha permitido crear algo artificial y perfectamente escaso. Uno de los grandes culpables del éxito de Bitcoin es el ajuste de dificultad que encontramos en su código.

¿En qué consiste el ajuste de dificultad?

El ajuste de dificultad es lo que usa Bitcoin para hacer el minado de bloques más fácil o más difícil para así asegurarse que de media los bloques se minan cada 10 minutos. Cada 2016 bloques minados (unas dos semanas si no hay cambios importantes en la computación de hashes) esta dificultad se ajusta para reflejar lo ocurrido en ese último período de 2016 bloques. Esto es, si en el último período se ha minado más despacio porque ha habido menos capacidad de computación dedicada a ello (menos mineros minando), en el siguiente período minar será más sencillo. Y viceversa.

Nivel de dificultad desde el nacimiento de Bitcoin.
Fuente: BitcoinWiki

Cuando China expulsó a los mineros de su país vivimos lo descrito en el párrafo anterior. La capacidad de minado se redujo, los bloques salían más lentos y costó más de dos semanas llegar al final de ese período de 2016 bloques, al término del cual la dificultad se redujo y Bitcoin volvió a operar normalmente.

2016 bloques es lo que tardó Bitcoin en volver a la perfecta normalidad tras sufrir un ataque directo de la que podemos considerar segunda potencia mundial.

Como vemos, el ajuste de dificultad es clave en la resiliencia de Bitcoin y lo fue aún más si cabe en los comienzos.

El ajuste y la descentralización

Hoy consideramos Bitcoin como la red más descentralizada y nuestra mejor oportunidad para acabar con el sistema de dinero fiat y todos los problemas que éste causa. No obstante, la historia podría haber sido muy diferente. El ajuste de dificultad es lo que impidió -e impide hoy- que un ente o concierto de entes se haga con una cantidad de bitcoin mayor de la que el calendario estipula. ¿Cómo?

Si en 2011, por ejemplo, la organización X hubiera visto el increíble potencial de Bitcoin y tuviera a su alcance recursos suficientes para dedicarlos a su minería podría haber obtenido fácilmente una ventaja sobre todos los demás mineros e, incluso, haber minado bitcoin más rápidamente que esos 10 minutos que pide el código. Esto habría sido así durante exactamente 2016 bloques, pero no más allá. En el siguiente período, debido al incremento en la dificultad le habría costado más minar bitcoin y, de nuevo, los bloques habrían salido cada 10 minutos salvo que esa organización invirtiera más dinero aún en minar para sacar bitcoin más rápido. De nuevo, esto solo serviría durante 2016 bloques. Este movimiento por parte de la organización X habría podido alterar el calendario de Bitcoin unas semanas, pero el único impacto real habría sido el aumento de seguridad de la red al incrementar la computación dedicada a minar bitcoin.

Bitcoin consigue esto naturalmente pero es del todo antinatural cuando observamos a lo que ocurre con el resto de los recursos en la economía.

El único recurso realmente escaso (sin contar el tiempo)

En 1980 se hizo una apuesta que alcanzó fama suficiente como para llegar a nuestros días y tener su propia página en la Wikipedia. Fue una apuesta entre el profesor y autor Julian Simon y el biólogo Paul Ehrlich que tenía como fondo la escasez de los recursos. Ehrlich había basado su fama sobre la idea de que el crecimiento de la población y el continuo incremento en el consumo de recursos acabaría con todos ellos. Simon le ofreció una apuesta para que así pudiera poner dinero sobre sus opiniones. La apuesta consistió en elegir unos recursos no controlados por el gobierno (Ehrlich eligió cobre, cromo, níquel, tungsteno y estaño) y observar su precio en el año 1980 y compararlo con 1990. Si los recursos tendían a escasear como Ehrlich promulgaba, su precio sería mayor; por el contrario, si cada vez éramos capaces de obtener más recursos, su precio se habría reducido, como sostenía Simon.

Julian Simon ganó la apuesta.

La razón por la que Simon estaba tan seguro de ganar es que los recursos no se acaban. Teóricamente, sí, deberían acabarse pero en la práctica no es algo que ocurra. Si demandamos un recurso concreto, éste empieza a subir de precio invitando a más productores a producirlo y haciendo rentable buscarlo en sitios donde antes no tenía sentido (como ocurre con el shale oil (la prospección hidráulica de petróleo en rocas). Una mayor producción incrementa la oferta y reduce el precio del recurso. Al tiempo, también hace rentable la búsqueda de alternativas a dicho recurso. Ambas fuerzas llevan a dos finales posibles: una mayor producción y bajada de precio o el olvido de ese recurso al encontrar uno más eficiente o fácil de conseguir. En ninguno de los posibles finales el recurso se agota.

Bitcoin funciona de manera diferente. Cuando la gente demanda bitcoin, su precio sube y manda una señal al mercado: minar es rentable. Más mineros dedican recursos a conseguir bitcoin pero esto no hace que se produzca más bitcoin y el incremento de oferta reduzca el precio. No, bitcoin sigue minándose de acuerdo a su calendario, con posibles altibajos que duran un período máximo de 2016 bloques.

La importancia del ajuste de dificultad es que sobre un recurso económico crea un incentivo fijo que no se pliega al número de personas que lo persiguen, a diferencia de lo que ocurre con todos los demás recursos. En este sentido, como apunta Saifedean Ammous, es más parecido a una competición como las Olimpiadas con un premio (la medalla) invariable independientemente de cuánta gente compita por él.

Consecuencias del ajuste de dificultad

El principal riesgo teórico al que se expone la red de Bitcoin con este ajuste de dificultad es a la salida masiva de mineros en un período de tiempo muy reducido. Si en cuestión de días la gran mayoría de mineros dejasen de minar, podríamos encontrarnos en una situación en la cual la caída de computación hace casi imposible alcanzar el final del período de 2016 bloques. Si no se llega al final de ese período, la dificultad no se reduciría para hacer la minería más sencilla y adaptarla a las nuevas condiciones. En este hipotético caso, el incentivo a minar sería muy grande pues a falta de competidores, el que consiga dedicar recursos a minar se llevaría todos los premios por bloque (subsidio y comisiones). Así pues, incluso en este teorético peor escenario, los incentivos de Bitcoin atraen recursos al sistema para devolverlo a la normalidad.

Así Bitcoin, gracias a la brillantez del ajuste de dificultad, consigue crear la escasez perfecta de manera artificial y protegerse frente a cualquier escenario.

Sobre el autor de este post

Autor de «Un podcast sobre Bitcoin» donde desde 2018 hablo de Bitcoin y critico el impacto humanitario del mundo fiat.

Puedes encontrarme en Twitter y verme en Twitch.
Alberto Mera