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El futuro del dinero (en los años 90), una historia casi cypherpunk

The End Of Ordinary Money

Tiempo de lectura aprox: 15 minutos, 16 segundos

Hace poco leía un artículo muy interesante de @TuurDemeester (traducido al español por los amigos de European Bitcoiners) y una cita situada al margen (en el pdf original) captó mi atención:

La criptología representa el futuro de la privacidad, y por implicación el futuro del dinero, y el futuro de la banca y las finanzas. […] Si hay que elegir entre un sistema monetario que deja un rastro electrónico detallado de todas las actividades financieras y un sistema paralelo que garantiza el anonimato y la privacidad, la gente optará por este último. Es más, exigirán este último […]

Orlin Grabbe, 1995

No recordaba haber escuchado antes ese nombre y por aquellos años no había demasiada gente hablando de estos temas con tanta claridad. El artículo de Tuur era bueno, pero pronto lo olvidé al sumergirme en la búsqueda de información sobre Orlin Grabbe y sus escritos, descubriendo una madriguera con una profundidad que no había previsto.

El texto que sigue a continuación es un intento de recopilar y resumir lo que encontré, para que otros frikis (como yo) conozcan un poco la historia de este tipo tan fascinante y sus escritos más destacados. Fue muy prolífico y tiene lecturas para aburrir, aunque muchas son ya difíciles de encontrar.

No esperes sin embargo descubrir a un cypherpunk que hizo historia o aportes trascendentales para el nacimiento de Bitcoin (aunque nunca se saben los caminos de la serendipia). Desde luego hay muchas otras personalidades que vale la pena estudiar a fondo, pero de todas ellas ya se ha escrito mucho y Grabbe también merece su minuto de gloria. Sin más, te dejo con el post.

Aquellos maravillosos años

Cypherpunks

Eran los años 90. David Chaum desarrollaba el primer dinero electrónico, tras una década estudiando cómo la criptografía de clave pública podía proteger la privacidad en los pagos digitales, y los cypherpunks soñaban con un dinero nativo para el ciberespacio. Desde la barrera, un peculiar personaje observaba los acontecimientos. Ávido de conocimiento, leía cada paper publicado, analizaba cada avance y meditaba sobre cómo cambiaría el mundo.

Era James Orlin Grabbe (leído greibi), un polifacético economista que había alcanzado cierta fama por desarrollar innovadores modelos matemáticos para operar con derivados sobre divisas y otros productos financieros internacionales, así como por su libro International Financial Markets. Sin ocultar su enfoque libertario, en él acuñaba el término “arbitraje regulatorio”, lo cual llamó la atención de Eric Hughes (uno de los fundadores del movimiento cypherpunk):

Es de vital importancia que los residentes de los EE.UU. que están en esta lista recuerden que la clave para una victoria estratégica en la criptografía reside a nivel internacional, no solo para los EE.UU. sino también para todos los demás países. Si los remailers son suprimidos o ilegalizados en un país, la misma funcionalidad puede hacerse en otro. Y así sucesivamente.

Eric Hughes, 1994

Este arbitraje regulatorio que explicaba Hughes sería también clave para el funcionamiento de Bitcoin, que escapa a cualquier jurisdicción que intente limitarlo o controlarlo. Pero no adelantemos acontecimientos, seguimos en los años 90 y Bitcoin solo era, quizás, una remota intuición en la mente de algún joven desarrollador de DigiCash.

A principios de la década Grabbe había vendido su empresa de derivados financieros y compaginaba el trabajo de consultor a tiempo parcial con dos aficiones: experimentar con nuevas formas de expresión cultural y estudiar criptología. Desconfiaba del gobierno y veía en los avances criptográficos la solución para defenderse de sus abusos, pero para ello la gente tenía que entender su importancia y conocer su funcionamiento.

Así, en 1995 escribiría un primer artículo explicando los principios de la criptografía de clave pública y su importancia para el futuro del dinero, algo que le obsesionaba tras una carrera dedicada a las finanzas internacionales en la que pudo comprobar de primera mano la corrupción del sistema. Lo publicó primero en Internet, pero conseguiría mayor difusión al incluirse también en el número de julio de la revista Liberty, una publicación libertaria que contó con editores de la talla de Murray Rothbard. En este texto se encuentra la cita que inicialmente llamó mi atención.

El fin del dinero ordinario

Su primer ensayo, The End of Ordinary Money, estaba dividido en dos partes (I y II) y en él presentaba el dinero digital, sus fundamentos tecnológicos y la importancia de preservar la privacidad. Sostenía que toda la legislación y regulaciones que se habían ido introduciendo desde los años 80 para combatir el lavado de dinero y el crimen financiero no habían conseguido nada, más allá de limitar la competencia privada y sobre todo servir como excusa para aumentar el control y la vigilancia de todos los ciudadanos.

Los avances tecnológicos habían hecho realidad la vigilancia masiva del Gran Hermano, pero Orwell no previó que la tecnología también podría emplearse para defendernos, como una herramienta para restaurar la libertad individual y la privacidad. Este era el objetivo fundamental de Grabbe al divulgar sus descubrimientos.

La cita del encabezado, en su extensión completa, describe bien la esencia del texto:

La criptología representa el futuro de la privacidad, y más. Por implicación, la criptología también representa el futuro del dinero y el futuro de la banca y las finanzas. (Por dinero me refiero al medio de cambio, los mecanismos institucionales para realizar transacciones, ya sea en efectivo, cheque, tarjeta de débito u otra forma de transferencia electrónica). Dada la opción de elegir entre utilizar un sistema monetario que deja un rastro electrónico detallado de todas tus actividades financieras o un sistema paralelo que garantice el anonimato y la privacidad, la gente optará por este último. Es más, lo demandará, porque el actual sistema monetario se está convirtiendo en el principal instrumento de vigilancia y control por parte de elementos tiránicos de los gobiernos occidentales.

Toda una declaración de intenciones, que probablemente pecó de inocente y optimista viendo cómo evolucionó todo en las décadas siguientes, hasta que Satoshi dio con la clave para alinear los incentivos (Number Go Up, ejem).

Siguiendo con la introducción, Grabbe pasa a describir el problema del momento (en una época en la que la criptografía se consideraba armamento y los desarrolladores se enfrentaban a investigaciones criminales): “Solo hay que entender algunos simples hechos: el dinero es información digital. La forma de ocultar información digital es mediante criptografía. El gobierno no quiere que uses criptografía, porque quiere saber dónde está tu dinero para poder coger una parte”.

Estaba convencido de que el exceso regulatorio y el control darían lugar a la desintermediación o huida de los canales bancarios tradicionales:

La desintermediación ocurre cuando un gobierno manipula los servicios bancarios de tal manera que los hace menos atractivos. […] si el gobierno anda mirando tu cuenta bancaria, tal vez con la idea de apoderarse de ella, o apoderarse de ti, podrías optar por no tener una cuenta bancaria, o al menos ninguna que el gobierno conozca. O puedes optar por utilizar canales financieros no tradicionales que tienen menos probabilidades de ser observados. El fin último del proceso es la banca completamente anónima a través de dinero digital cifrado.

Continúa su artículo explicando las nefastas consecuencias de la guerra contra las drogas y cómo esta supuso la principal excusa para monitorizar todo el sistema bancario, superando las limitaciones del pasado gracias a los avances tecnológicos: “Pero eso iba a cambiar con el crecimiento de los registros computarizados y su procesamiento mediante inteligencia artificial […] la Reserva Federal pasó de ser una institución que vigilaba la moneda a un cómplice en la vigilancia de los usuarios de la moneda”.

A partir de aquí describe diferentes sistemas criptográficos, los que pueden usar los usuarios para defenderse y los que el gobierno quiere implantar para seguir manteniendo el control. Merece la pena destacar su divertida explicación del primero:

Criptografía de clave pública en una sencilla lección. La criptografía de clave pública se basa en dos dispositivos de codificación, llamados claves, que tienen la siguiente relación. Hay una clave pública P y una clave privada R. Supón que escribo una carta de amor dulce y sensible, llena de valores espirituales, imperativos genéticos e insinuaciones sexuales a Verónica, mi actual amante. Nos referiremos a esta carta como el mensaje M. La cifro con la clave pública P de Verónica, produciendo el mensaje cifrado P(M). Cualquiera que mire P(M) sólo verá una cadena de símbolos sin sentido, un galimatías. Cuando Verónica lo reciba, aplicará su clave privada R al mensaje cifrado, produciendo R(P(M)) = M, convirtiendo la aparente aleatoriedad en lágrimas, alegría y fantasía erótica.

Esta democratización de la criptografía es fruto de la llegada de los ordenadores personales, la herramienta que necesitaban los cypherpunks para desarrollar sus ideas (los cypherpunks escriben código):

La anarquía del ordenador personal se había desatado. El PC permitía que una persona estuviera a cargo de todo el proceso de desarrollo de software. Podía ser técnica de hardware, analista de sistemas, matemática, programadora, artista residente y alborotadora en general, todo en uno. De la misma forma que Gutenberg inspiró a las generaciones posteriores a aprender a leer precisamente porque habían adquirido la capacidad de escribir, la aparición del microprocesador inspiró a una generación de personas talentosas y creativas […] Sin duda, el PC no era lo bastante potente para romper códigos (criptoanálisis), pero era una herramienta lo suficientemente buena para crear software de criptografía.

Como conclusión de la primera parte de su ensayo Grabbe recordaba las ideas de Hayek, que tanto nos gustan a los bitcoiners:

F.A. Hayek defendió la desnacionalización del dinero, la abolición del monopolio gubernamental sobre la oferta monetaria y la institución de un régimen de emisores privados de moneda en competencia. Una de las razones era detener los episodios recurrentes de inflación y deflación agudas que se han acentuado a lo largo de este siglo. Otra razón era hacer cada vez más difícil para los gobiernos restringir el movimiento internacional de individuos, dinero y capitales, y así salvaguardar la capacidad de los disidentes para escapar de la opresión. Dijo que los intentos de los gobiernos de controlar los movimientos internacionales de moneda y capitales son actualmente la amenaza más grave no solo para una economía internacional que funcione sino también para la libertad personal; y seguirá siendo una amenaza mientras los gobiernos tengan el poder físico para hacer cumplir dichos controles.

Hace dos décadas, la propuesta de Hayek parecía tener pocas probabilidades de concretarse. Ya no. El sueño de Hayek está a punto de hacerse realidad.

En la segunda parte, subtitulada Lavado de dinero, dinero electrónico y anonimato criptológico, dedica un buen tiempo a explicar las regulaciones bancarias y algunas de las herramientas de vigilancia empleadas por el gobierno con las excusas habituales:

La mayoría aún no ha captado el mensaje de que su banquero es un espía. […] Los años 60 nos trajeron los eurodólares, los 70 los petrodólares. Ahora tenemos los narcodólares, lo terrordólares y, (¿quién sabe?) quizás los pornoinfantil-dólares. Porque algunos de los bits almacenados en los ordenadores de los bancos consisten en dinero limpio y otros en dinero sucio, legalmente afectado por el pecado original.

[…] Al hecho de que la vigilancia monetaria no haya conseguido disminuir el tráfico de drogas o el terrorismo no se le da ninguna importancia, porque todo es parte de un juego más amplio. Todos los jugadores pueden ver fácilmente que esta misma vigilancia financiera produce beneficios políticos en forma de control social y aumento de los ingresos gubernamentales.

[…] El crimen del lavado de dinero se reduce a un único y básico acto prohibido: hacer algo y no decírselo al gobierno.

Pero no contaban con la tormenta que se avecina:

Todos estos esfuerzos, los mecanismos de reporte de información, el espionaje de los banqueros, las actividades adicionales de organizaciones como FinCEN, NSA e Interpol, se enfrentan a un desarrollo social y tecnológico contrario, el dinero digital anónimo hecho posible por los avances criptográficos.

Los principales oponentes de cualquier sistema de dinero digital cifrado son las leyes de lavado de dinero y el Leviatán que se alimenta de ellas. Los edictos contra el blanqueo de dinero representan un intento más amplio de hacer que todas las transacciones financieras sean transparentes, mientras que el objetivo del dinero digital anónimo es mantener la privacidad de las actividades financieras. […]

Por lo tanto, la batalla que se avecina sobre los rastros financieros es inevitable, y quizás inevitablemente sangrienta.

Tras describir cómo se mueve el dinero en el sistema financiero internacional, dejando un continuo rastro electrónico, y el funcionamiento y riesgo de las tarjetas de crédito que veía como un nuevo peligro para la privacidad (“tu tarjeta podría programarse para transmitir su código de identificación cada vez que la uses, de modo que podrías ser localizado instantáneamente en cualquier lugar de la Tierra a través del Sistema de Posicionamiento Global basado en satélites”), pasa a enumerar las características que debería tener el dinero electrónico. De forma resumida, serían las siguientes:

  1. Debería tener la movilidad del dinero en efectivo e incluso mejorarla. El peso de 1 millón de dólares en dinero digital debería ser igual al de 1 dólar.
  2. Deberías poder hacer pagos off-line, sin que el receptor necesite la autorización de tu banco ni terceros sepan cuánto dinero mueves.
  3. Debería ser independiente de una localización física, disponible en todas partes y pudiendo ser transmitido a través de un ordenador u otros dispositivos que se conecten a la red de información global.
  4. Debería ser divisible y manejarse fácilmente las vueltas o cambio.
  5. Debería estar diseñado de forma que no pueda falsificarse o gastarse más de una vez.
  6. Debería ser intrazable y al mismo tiempo poder demostrar de forma inequívoca que hiciste un pago determinado.


En su visión, el uso del dinero digital privado crecería hasta formar un sistema monetario paralelo, una nueva economía circular al margen de regulaciones y del control del gobierno:

El sistema de dinero digital anónimo surgirá como un sistema paralelo al existente de dinero ordinario. Por lo tanto, quedará un registro de la entrada inicial al sistema anónimo. Por ejemplo, podrías mandar un cheque de 10.000 dólares girado contra Citibank a nombre de El Primer Banco Subterráneo de Dinero Digital Anónimo. Este cheque será registrado, pero ninguna transacción posterior podrá ser trazada, a menos que hagas transferencias de vuelta al mundo bancario ordinario. Con el tiempo, a medida que más personas comiencen a utilizar el sistema de dinero anónimo, algunos salarios se pagarán en dinero digital anónimo. Esto permitirá que todas las transacciones de ingresos, así como los gastos, tengan lugar completamente fuera del sistema monetario ordinario.

Preveía además que el valor de este nuevo dinero no sería estable, por el contrario dependería de sus características concretas y su demanda:

Dado que el sistema de dinero anónimo existirá en paralelo al sistema actual, se creará un tipo de cambio flotante mediante transacciones de mercado entre dinero ordinario y dinero anónimo. […] La tasa de intercambio no será necesariamente 1:1. El dinero digital anónimo que no cumpla algunos de los requisitos de facilidad de uso enumerados anteriormente podría cambiarse por menos de 1 dólar ordinario. Por otro lado, el dinero digital que cumpla con todos esos requisitos se cambiará con prima, por sus aspectos de privacidad mejorados. […]. El mercado determinará de manera similar la relación de intercambio entre el dinero digital ordinario y el anónimo.

Por último, comparaba la emergencia y crecimiento del mercado de eurodólares, un ejemplo clásico de las fuerzas del libre mercado para superar obstáculos y regulaciones, con el fin del dinero ordinario: “será visto como un ejemplo clásico de las fuerzas de libre mercado, superando los obstáculos creados por las tecnologías de vigilancia y las regulaciones contra el lavado de dinero, respondiendo a los incentivos del mercado para atender las necesidades de privacidad financiera”.

James Orlin Grabbe

Otros escritos sobre dinero digital y criptografía

J. Orlin Grabbe escribió más artículos relacionados en los siguientes años, mientras trataba de poner en práctica sus conocimientos en el proyecto Laissez Faire City, del cual te hablaré después. A continuación destaco algunos de estos escritos y un resumen de sus principales ideas.

En The Mathematical Ideas Behind Digital Cash, transcripción de una charla que dio al Partido Libertario de Colorado, intenta explicar de forma más o menos intuitiva los fundamentos matemáticos que sustentan el dinero digital, el cual define como “un mensaje de pago que lleva una firma digital y funciona como medio de intercambio o depósito de valor”. Es interesante que en él realiza una fuerte crítica (que sería recurrente) a la implementación comercial de David Chaum, el ecash, por no proteger suficientemente la privacidad de los usuarios, y defiende la utilización de otros esquemas más anónimos para evitar el doble gasto.

Si te costó seguir el texto anterior, Concepts in Digital Cash es otro intento de explicar lo mismo pero sin utilizar matemáticas. Además, detalla conceptos importantes sobre pagos, autenticación, el problema del doble gasto, trazabilidad o escalabilidad, entre otros. Sobre la escalabilidad, me llamó la atención la mención a una optimización usada por NetCash, consistente en almacenar solamente la información de las monedas que aún no han sido gastadas (lo que en Bitcoin conocemos como  UTXO set).

Un tercer artículo introductorio, Digital Cash and the Future of Money, aborda la cuestión desde un punto de vista más filosófico y es uno de mis favoritos. Por ello voy a permitirme copiar varias citas para que medites sobre ellas:

Es el aspecto potencial del anonimato lo que da importancia al dinero digital, y no el hecho de que sea electrónico. Porque casi todas las transacciones monetarias ya son electrónicas, y lo han sido desde hace años. […]

Si un gobierno no sabe quién paga a quién, ¿cómo podrá recaudar impuestos a las ganancias? Si la propiedad de los activos financieros es indeterminada, ¿qué ocurre con los impuestos sobre los activos financieros? El anonimato es controvertido porque amenaza al Estado Leviatán. Los poderes de los estados-nación modernos (desde la capacidad de hacer la guerra hasta la supresión de la disidencia política y la distribución de subsidios a grupos de votantes) dependen de la recaudación de impuestos e ingresos similares. Los impuestos normalmente se basan en una ubicación identificable, […] si es posible realizar transacciones anónimas en ubicaciones internacionales no identificables, ¿se volverán voluntarios los impuestos? ¿Y quedarán obsoletos los gobiernos que dependen de ellos?

Podemos dividir los sistemas de dinero digital en dos tipos: sistemas que invaden la privacidad y sistemas que la protegen. […] Considera la amenaza a la seguridad personal que plantea la posible creación de sistemas generales de dinero digital que no sean anónimos. La conveniencia de dichos sistemas, combinada con la trazabilidad de las transacciones, podría fácilmente ampliar el poder de vigilancia del gobierno del Gran Hermano.

Es un disparate intentar un análisis económico en profundidad del dinero digital en sus etapas primitivas. El mercado, a medida que evolucione, se aprovechará de la inteligencia colectiva de sus usuarios y probablemente se desarrollará en direcciones imprevistas, además de evitar muchas de las aparentemente obvias.

Internet parecería representar una vía de expansión de bajo costo. Podría suponer una ventaja competitiva de costes en todas las transacciones, al tiempo que tendría exclusividad en ciertas transacciones de bajo valor (que de otro modo se descartarían por completo si el coste de realizarlas es demasiado grande).

El dinero digital es un mensaje, una forma de expresión, un tipo de lenguaje. Si un gobierno puede restringir la libertad de expresión, puede restringir el dinero digital. Si un gobierno puede restringir el dinero digital (anónimo o no), puede restringir la libertad de expresión. Si un gobierno tiene derecho a inspeccionar tu cuenta bancaria, también tiene derecho a leer tu correo electrónico. Si un gobierno tiene derecho a monitorear tu correo electrónico y romper el cifrado, tiene derecho a inspeccionar tu cuenta bancaria.

Gracias al dinero digital ya no existe diferencia entre dinero y palabra. Ese, entonces, es el futuro del dinero. ¿El gobierno te mandará callar?

En Digital Cash and the Regulators Grabbe aborda la cuestión del señoreaje, es decir las ganancias obtenidas al acuñar moneda, en este caso al emitir empresas privadas dinero digital. Se trata de un negocio que puede ser muy rentable, como demuestran hoy día los beneficios billonarios de Tether, pero el riesgo regulatorio es enorme y el incentivo será buscar jurisdicciones offshore: “Cualquier sistema de dinero digital debe satisfacer a sus clientes e inspirar confianza, pero el dinero digital regulado es dinero digital corrupto”.

Volviendo a la parte técnica, pero con un enfoque práctico que ahora nos proporciona un considerable valor histórico, en la trilogía Internet Payment Schemes analiza los sistemas de pago electrónico del momento y sus diferencias. En la parte I explica las soluciones que interactuaban con la red de tarjetas de crédito en diferentes niveles, la parte II la dedica a los sistemas basados en cuentas (los PayPal de la época) y finalmente la parte III (la más interesante) trata del dinero digital basado en tokens. El ya mencionado NetCash, Mondex (comprado por Mastercard) y el ecash de DigiCash eran las opciones disponibles, pero todas pecaban en mayor o menor grado de no ser lo suficientemente privadas.

En su opinión, la solución era la propuesta del joven criptógrafo Stefan Brands (quien más tarde trabajaría en la propia DigiCash y en Microsoft), la cual consideraba como el mejor trabajo teórico realizado sobre dinero digital. El artículo enlazado no es de fácil digestión, como tampoco lo es la lectura previa recomendada para entenderlo, pero quizás puedas sacarles provecho (yo solo entendí que se basa en un esquema de firmas Schnorr, puede que te suenen del último softfork de Bitcoin).

La ciudad de Ayn Rand y la puesta en práctica de un sistema de banca anónima

Laissez Faire City, la ciudad de Ayn Rand

Muchos de los artículos anteriores fueron publicados en la revista Laissez Faire City Times, con la que Grabbe comenzó a colaborar en 1997. Esta revista estaba vinculada al proyecto Laissez Faire City con sede en San José, Costa Rica, donde nuestro protagonista se mudó al año siguiente y vivió hasta su muerte en 2008. Este proyecto, iniciado por un grupo de idealistas libertarios (entre los que se encontraba James Dale Davidson, coautor de El individuo soberano, un libro que si has leído te sonará mucho al estilo de Grabbe), tiene una rocambolesca historia que bien merece unas líneas.

Este grupo de libertarios se había propuesto llevar a la práctica una vieja idea de Ayn Rand (recuperada últimamente por @Alvaro_DMaria), consistente en pagar a un país necesitado de ingresos para que les dejara montar su propia jurisdicción soberana. Después de intentarlo en Perú finalmente el país elegido fue Costa Rica y un número indeterminado de personas pagó para convertirse en socios fundadores, tras sendos anuncios presentando el proyecto en The Economist y Newsweek.

A diferencia de otros proyectos del estilo (¿has visto Los Anarquistas de HBO? Spoiler: tampoco acaban bien), los promotores de la Laissez Faire City centraron sus esfuerzos en el Ciberespacio, con la intención de que sus futuros ciudadanos crearan negocios en Internet sin la interferencia de gobiernos y reguladores. Entre sus referencias principales, además de Ayn Rand y La rebelión de Atlas, se encontraban precisamente El individuo soberano y La declaración de independencia del ciberespacio de John Perry Barlow.

No estoy seguro de hasta qué punto se implicó Grabbe en el proyecto, pero parece que terminó controlando la revista, rebautizada como Laissez Faire Electronic Times, y desarrollando un complejo sistema de banca anónima con el que pudo poner en práctica mucho de lo que había predicado en sus escritos. El Digital Monetary Trust se presentaba como un servicio de banca privada basada en Internet y con sede en la ciudad de Laissez Faire, en principio abierto al público general, pero su uso no trascendería mucho más allá de los miembros de la comunidad.

Aun así su planteamiento era ambicioso, ya que permitía mantener saldos privados y realizar transacciones anónimas de dólares, euros, libras, yenes, francos suizos, e-gold y rands (una divisa propia diseñada para los próximos 100 años). Además, estas divisas se podían intercambiar en la Laissez Faire Electronic Stock Exchange (LESE), junto a acciones de empresas y otros productos derivados.

Es importante aclarar que el sistema no estaba basado en tokens de dinero electrónico sino en cuentas, aunque contaba con un mecanismo para emitir certificados digitales al portador. El principal atractivo en cualquier caso era su funcionamiento totalmente anónimo:

¿El Digital Monetary Trust no sigue los procedimientos de conoce a tu cliente?

No, el DMT es un sistema diseñado para el anonimato. Está especialmente construido según el principio de no conozcas a tu cliente.

¿Es legal el DMT?

¿Es la privacidad legal? ¿Es legal la encriptación? Si tu respuesta a estas preguntas es Sí, entonces el DMT es legal. Si tu respuesta es No, entonces por favor vete a otro sitio y muere tranquilamente. El DMT es una entidad autónoma del ciberespacio y en este vecindario la privacidad y el cifrado no solo son legales, sino esperados.

Con todo, el Digital Monetary Trust tenía el mismo punto débil que el resto de proyectos de dinero digital que surgieron en esos años: su centralización y dependencia de terceras partes. En este caso no parece que llegara a llamar la atención suficiente de ningún gobierno, pero en la gestión de la Laissez Faire City se destaparon numerosas irregularidades que llevarían a su cierre en 2002 y, poco tiempo después, el sueño de James Orlin Grabbe también llegó a su fin.

Conclusión y despedida

El presente artículo solo relata una porción de la vida de Orlin Grabbe, una parte a la que dedicó mucho tiempo y esfuerzo, pero que compaginaba con otros intereses variados. Las conspiraciones políticas por ejemplo eran recurrentes en sus escritos, y llegó a ser puesto como ejemplo en un programa de televisión de los peligros de la desinformación que abunda en Internet.

Seguramente fue un personaje con luces y sombras y su participación en el proyecto de la Laissez Faire City quizá contenga algunos puntos oscuros. Sin embargo, creo que en sus escritos se siente un propósito honesto, la voluntad de compartir conocimientos y avanzar en el camino de la libertad.

En sus últimos años se desvinculó de los temas que tanto le habían obsesionado en los 90, desencantado supongo como el resto de participantes del movimiento cypherpunk ante los fracasos de los distintos intentos de dinero digital y el desinterés del público general por la privacidad. Sus últimas publicaciones fueron sobre física cuántica y falleció en marzo de 2008 por un fallo cardíaco, justo antes de poder presenciar como muchas de sus predicciones tendrían otra oportunidad para cumplirse con el nacimiento de un nuevo dinero digital.

R.I.P. Orlin Grabbe

Si has llegado hasta aquí, espero que hayas disfrutado con la lectura, aunque sea una pequeña parte de lo que yo lo he hecho preparando el artículo. Si tienes más curiosidad, te recomiendo que repases los distintos enlaces incluidos, pues supone un viaje en el tiempo apasionante, al pasado pero también al futuro. No creo exagerar si afirmo que, gracias a James Orlin Grabbe, ahora entiendo un poco mejor Bitcoin.